Sin Titulo N°2

Entre aves y rejas, aparece la vida como un reflejo, y poco es lo que dura en el aire su olor y su idea. Hoy es otro de esos días en los que atravieso la ciudad. Vemos desde aquí cómo se alternan transeúntes, letreros, candados, kioscos, camas de cartón y nylon. Mientras en el ómnibus, un músico interpreta una canción que logramos tararear, como un gran zumbido incomprensible.

Nos hundimos en 8 de octubre y emergemos en 18 de Julio, una señora mira dentro de su cartera, un joven huele el cabello de su hijo, otro, chupando tras un vaso de whisky ve borrosos los hielos y nuestro ómnibus. 

Tanto recuerdo bajo tierra, y borrosa también la tierra, tapeada en una bruma sorda; y en su interior retuerce a este mundo, y dentro suyo, cada recorrido que olvida el viejo sentado en la parada. El freno abraza el disco de la rueda, nos detenemos, exhala fuerte un camión frente al semáforo; veo escuelas, poco horizonte, facultades, y entre visiones mi asiento queda libre, los suspiros resuenan en el ómnibus, se escuchan mochilas, dedos, monedas y llaves en los bolsillos, mocos que son succionados de vuelta; mientras el chofer olvida subir la radio. 

El centro se revuelve entre papeles y prisas, jadea el alma dentro de su tumulto, y la realidad se nos desprende como muda de piel, vuelven hacia abajo sus ojos, los celulares brillan y la humanidad huye del mundo. Cabemos en un ómnibus con toda una historia a cuestas, y la fatiga arde en silencio… con su humo invisible. 

Imagino los teatros y veo a la gente como sus ruinas; sin color más que el de su ausencia. Todo se vuelve encierro entre las calles, y entre ronquidos posa su vuelo la noche eterna. Mientras imagino las ruinas de esta ciudad, recuerdo el látigo del tiempo, su chasquido entre las ramas y farolas, en esta ausencia poblada por sombras; de veredas atiborradas de ceniza. 

De golpe giro la vista y recuerdo; entre los zapatos y notas que mece el viento, los ecos de una orquesta que late. Y siento otra vez al interior del pecho el alma. Aquí están todos también, imaginando que es domingo todavía, y miramos la plaza Fabini desde nuestras butacas a través del vidrio, vemos las parejas de veteranos bailar afuera, jóvenes y ágiles otra vez, bailando por siempre a través de toda esta realidad, que nos encuentra algunos sueños.

 

por Joao Goncalves