Sin Titulo N°1

Mirando un casete roto allí en la cuneta, veo los dos rollitos que se alejan, el marrón brillante que las unía; serpentina rota a mitad del soplido. El viento y las miradas se mezclan en girones, y en la esquina se observa la gente; su lado A y al lado el B, de esa voz enmudecida. Entre soles que caen con el tiempo y yo aquí tras la ventana, veo entre reflejos de luces y espejismos, la noche que se entierra arriba nuestro. Hoy anocheció y el frío es mortal, suenan los tarros y la gente se arrastra entre la gente. No llenamos el abismo.

Voy de pasajero, con las orejas tapadas y firme el agarre, sueño de pie y vamos de pie; apretados y distanciados. El viento sopla como el demonio y no puedo evitar pensar en que la valentía es una expresión fantástica, algo que me suena familiar, pero al parecer, lo único que podríamos generar de un momento a otro esta noche sería; una tormenta tropical dentro del tapabocas, una ulcera, un origami con el boleto, un silencio largo.

Parece que la vida ha cambiado, pero es solo una impresión. No recordamos lo esencial: el olvido se mide con sangre. 

Firmes los pies, la vista, las rodillas y los codos, en posición de alfil con las orejas tensas para adelante. Con el moco/agua que gotea secretamente hacia los labios, con la soledad que se nos interpone: la sensación es casi una entre todos. Pero callamos.

 

por Joao Goncalves